December 8, 2025 / 8 de diciembre de 2025
English
Immaculate Conception - Mary prepares us to receive Jesus
Advent is the liturgical season in which we prepare for the coming of the Lord. Advent prepares us for the celebration of Christmas - the birth of the Savior - Christ’s first coming, and Advent also helps us to prepare for Christ’s second coming - when we will meet the Lord at our judgment. Preparing for the coming of Christ is the main theme of Advent. We heard Jesus say in the Gospel of the 1st Sunday of Advent, “Be prepared, for at an hour you do not expect, the Son of Man will come.” Yesterday, the 2nd Sunday of Advent, we saw John the Baptist preaching repentance as the way to “prepare the way of the Lord and make straight his paths.” Acknowledging our sins - admitting that we have sinned, is the necessary first step of preparation. If I do not accept or acknowledge the fact that I’m a sinner, I’m not going to be open to accept or acknowledge the savior. The baptism of John did not take away sin or fill the person baptized with divine grace. That requires the action of God - “something mightier” than John. It will come in the form of a “baptism” or full immersion in the Holy Spirit - the life and the love of God.
How do we best prepare for the coming of Christ? How do we become ready to receive Jesus? The Immaculate Conception, Mary being conceived without stain of original sin, is the way God prepared humanity to receive Jesus. So going to Mary, seeking her intercession, is the way we become prepared to receive Jesus. Following the path revealed by God - going through Mary - we too are made a worthy dwelling place for Jesus. Mary is not only a model of holiness for us - we see in her the fullness of God’s grace perfecting humanity, but she is our advocate and guide. She intercedes for us and shows us the way to be receptive to God’s grace.
Because of the “original sin” - Adam and Eve’s disobedience to God, we are born into a dysfunctional human family. We are not guilty personally of the sin of our first parents, but we suffer its effects. We can think of it in a similar way as to when a child is born to a mother or a father who is an alcoholic or who suffers from a mental disorder. The sin or condition of the parents affects the child; even thought the child is not guilty of anything, the child still needs healing. This is why we need a savior. We need to be redeemed or rescued from this situation. We’ve inherited a fallen human nature from Eve - she is the mother of all the living. Mary is conceived without sin so she can be the mother of the New Creation - our mother in the life of grace. She is the “New Eve” and becomes the mother of all who become reborn in Christ. Her Immaculate Conception is the “marvelous deed” that allows humanity to sing a new song to the Lord. The disobedience of Eve is overcome by the obedience of Mary. The “no” of Eve is overcome by the whole-hearted “yes” of Mary. The doubt of Eve was reversed by the hope of Mary: “May it be done to me according to your word.”
Jesus is the Savior - heal heals us of our sins and the effect of sin in our life. We are forgiven of our sins through baptism and confession, but we need to stay close to Jesus, live in communion with Jesus, and stay in his presence, in order to remain free from sin and grow in the life of grace. The Lord is with Mary, and when we call on our mother, Mary, she brings us to Jesus and Jesus to us. With Mary’s intercession , we can be prepared to welcome Jesus into our lives in any circumstance. No circumstance is “impossible for God.” Let’s turn to Mary the Immaculate Conception today, confident that through her, we can welcome Christ’s victory over sin into our lives. “O Mary conceived without sin, pray for us who have recourse to thee.”
Spanish
Inmaculada Concepción - María nos prepara para recibir a Jesús.
El Adviento es el tiempo litúrgico en el que nos preparamos para la venida del Señor. Nos prepara para la celebración de la Navidad, el nacimiento del Salvador, la primera venida de Cristo, y también para su segunda venida, cuando nos encontraremos con el Señor en nuestro juicio. Prepararse para la venida de Cristo es el tema principal del Adviento. En el Evangelio del primer domingo de Adviento, escuchamos a Jesús decir: «Estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del Hombre». Ayer, segundo domingo de Adviento, vimos a Juan el Bautista predicar el arrepentimiento como la manera de «preparar el camino del Señor y enderezar sus senderos». Reconocer nuestros pecados, admitir que hemos pecado, es el primer paso necesario de la preparación. Si no acepto ni reconozco que soy pecador, no estaré dispuesto a aceptar ni reconocer al Salvador. El bautismo de Juan no quitó el pecado ni llenó a la persona bautizada de la gracia divina. Eso requiere la acción de Dios, algo más fuerte que Juan. Vendrá en forma de bautismo o inmersión total en el Espíritu Santo, la vida y el amor de Dios.
¿Cómo nos preparamos mejor para la venida de Cristo? ¿Cómo nos preparamos para recibir a Jesús? La Inmaculada Concepción, María concebida sin mancha de pecado original, es la forma en que Dios preparó a la humanidad para recibir a Jesús. Así que acudir a María, buscando su intercesión, es la forma en que nos preparamos para recibir a Jesús. Siguiendo el camino revelado por Dios, a través de María, también nosotros somos hechos morada digna de Jesús. María no solo es un modelo de santidad para nosotros —vemos en ella la plenitud de la gracia de Dios que perfecciona a la humanidad—, sino que es nuestra defensora y guía. Ella intercede por nosotros y nos muestra el camino para ser receptivos a la gracia de Dios.
Debido al pecado original —la desobediencia de Adán y Eva a Dios— nacemos en una familia humana disfuncional. No somos culpables personalmente del pecado de nuestros primeros padres, pero sufrimos sus efectos. Podemos pensarlo de forma similar a cuando nace un niño de una madre o un padre alcohólico o con un trastorno mental. El pecado o la condición de los padres afecta al niño; aunque no sea culpable de nada, aún necesita sanación. Por eso necesitamos un salvador. Necesitamos ser redimidos o rescatados de esta situación. Hemos heredado una naturaleza humana caída de Eva: ella es la madre de todos los vivientes. María fue concebida sin pecado para poder ser la madre de la Nueva Creación, nuestra madre en la vida de la gracia. Ella es la "Nueva Eva" y se convierte en la madre de todos los que renacen en Cristo. Su Inmaculada Concepción es la "obra maravillosa" que permite a la humanidad cantar un cántico nuevo al Señor. La desobediencia de Eva es superada por la obediencia de María. El "no" de Eva es superado por el "sí" incondicional de María. La duda de Eva fue disipada por la esperanza de María: «cúmplase en mí lo que me has dicho». Jesús es el Salvador; nos sana de nuestros pecados y de sus consecuencias en nuestra vida. Recibimos el perdón de nuestros pecados mediante el bautismo y el sacramento de la confesión, pero necesitamos permanecer cerca de Jesús, vivir en comunión con Él y permanecer en su presencia para permanecer libres de pecado y crecer en la vida de la gracia. El Señor está con María, y cuando invocamos a nuestra madre, María, ella nos acerca a Jesús y Jesús a nosotros. Con la intercesión de María, podemos estar preparados para acoger a Jesús en nuestras vidas en cualquier circunstancia. Ninguna circunstancia es «imposible para Dios». Acudamos hoy a María, la Inmaculada Concepción, confiados en que, a través de ella, podemos acoger la victoria de Cristo sobre el pecado en nuestras vidas. «Ave María purísima, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti».


